Preparándose para lo peor La Fuerza de Respuesta CBRN siempre está lista

Redacción THE WATCH

Es un escenario de pesadilla: Un dispositivo nuclear de 10 kilotones es detonado en la entrada del Túnel Lincoln en la ciudad de Nueva York. Podría matar a miles, causar pánico generalizado y aislar a gran parte de la ciudad evitando que reciban ayuda externa. 

El ataque es casi inimaginable, pero el trabajo de la Fuerza de Respuesta de Defensa CBRN, conocida por sus siglas en inglés DCRF, es imaginar el escenario y encontrar la forma de salvar a una mayoría de personas y minimizar el daño. La DCRF, creada en 1999, es una Fuerza Nacional de Tarea Conjunta  diseñada para responder a un ataque catastrófico que implique agentes químicos, biológicos, radiactivos y nucleares (CBRN). 

Nunca ha sido activada, pero recibe un adiestramiento diseñado para simular la realidad de forma que sus miembros estén preparados para lo peor. 

El General de División del Ejército de los EE. UU., Richard J. Gallant, Comandante de la DCRF, la llama “la póliza de seguro” de la nación contra un ataque mayor. “Todos nosotros esperamos que nunca suceda algo así, pero no nos puede tomar desprevenidos si ocurriera”, dijo Gallant a Radio Federal de Noticias. “También tenemos otras capacidades. Debido a que estamos en adiestramiento constante, también tenemos la capacidad para responder a un evento relativo a cualquier tipo de riesgo”.

Constituida por 5,200 soldados, marineros, aerotécnicos y civiles de unidades en servicio activo y en la reserva, la DCRF está lista para desplegarse dentro de 24 horas después de recibir una notificación. La fuerza incluye personas que se especializan en la detección de agentes químicos, búsqueda y rescate, descontaminación, evacuación y muchas otras cosas más. Sus tareas se encuentran dentro de cuatro categorías generales: aviación, logística, sanidad y operaciones.

El escenario descrito se puso a prueba en Guardian Response 17, un ejercicio que simuló un ejercicio que simuló una respuesta, a través de toda la nación, ante un ataque nuclear.  

Para el ejercicio, se reunieron casi 4,100 soldados en el Centro de Adiestramiento Urbano Muscatatuck en Indiana, el cual se preparó para que simulara el haber sufrido una explosión de bomba, con todo y escombros, humo, árboles caídos y participantes representando a las víctimas. Se les pidió a los equipos de respuesta que buscaran víctimas entre los escombros, transportaran a los heridos y coordinaran las acciones con los oficiales locales, estatales y federales. Gran parte de la actividad se llevó a cabo usando voluminosos trajes de protección contra material peligroso para evitar la exposición a la radiación.

“Atenderemos entre 60 y 80 bajas por hora”, dijo el Teniente de la Reserva del Ejército de los EE. UU., Erin Lovinus, un oficial de enlace de sanidad con la 409a Compañía de Apoyo de Sanidad de Área. “Llevaremos a cabo esta misión durante alrededor de 12 a 15 horas por cada operación. El ejercicio es lo más cercano posible a la realidad. 

Si un desastre impacta al territorio de EE. UU., la DCRF desempeñará una función de apoyo con las autoridades a cargo. Debido a que todas las entidades tienen procedimientos diferentes, es clave aprender a trabajar de forma conjunta durante un ejercicio como Guardian Response.  

“Es mucho mejor practicar y mejorar la coordinación de la respuesta”, dijo el Teniente Coronel John Pitt, Comandante del Centro de adiestramiento urbano Muscatatuck. “Una práctica que salva vidas, alivia el sufrimiento y proporciona asistencia que ayuda a que la vida de los ciudadanos regrese a la normalidad”.

Cada ejercicio pone a prueba los límites de las capacidades de la DCRF y muestra dónde la fuerza debe de mejorar. Por ejemplo, los soldados que trabajan en una “zona crítica” se tienen que rotar cada 90 minutos y deben estar un tiempo en el centro de descontaminación. Esta rotación constante de personal requiere una coordinación precisa que se logra a través de la repetición.

“Tenemos que proporcionar la fuerza correcta, con la respuesta adecuada y la experiencia apropiada. Si usamos, Dios no lo quiera, el peor el peor de los casos, eso nos ayuda a analizar todos esos escenarios de lento desarrollo a los cuales respondemos”, comentó Gallant. “Nosotros apoyamos a los equipos de primera respuesta, y ofrecemos la posibilidad de mejorar sus operaciones”.